Diseña tus etapas

EL CAMINO DE SANTIAGO FRANCÉS POR ARAGÓN.

Escucha. El rumor de los pasos en el tiempo. Desde el siglo IX. Un tiempo tras otro tiempo. Abre los ojos y siéntete acompañado por caballeros, monjes y brujas. Mira hacia a lo alto. Descubre la majestad del Pirineo. Déjate llevar por las historias de un camino, el primer camino europeo, y por un río con nombre de pequeña nación, Aragón.

Respira. Párate y saluda: -ultreia-.

Eres bienvenido al camino de Santiago en Aragón. El camino francés. La Vía Tolosana. Nombres míticos en los libros antiguos. Lugares con magia para tu viaje: Summus Portus, Canfranc, Cueva de las Güixas, Jaca, San Juan de la Peña, Santa Cruz de la Serós, Puente la Reina, Artieda, Martes, Mianos, Ruesta, Undués de Lerda…

Aunque habitualmente el camino se propone en cuatro etapas, con el nuevo enfoque propuesto para la Directriz de Ordenación del Territorio del Camino de Santiago – Camino francés a su paso por Aragón, se pone en valor cada uno de los puntos y lugares del camino, para que cada peregrino, viajero o visitante, puede planificar sus rutas y estancias a la medida de sus gustos y disponibilidad de tiempo. 

El recorrido es el siguiente ( los tiempos de caminata se indican a modo orientativo y son aproximados):

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    Desde Somport desciendes levemente entre montañas. El río Aragón, hábitat de  nutrias, truchas, martines pescadores, mirlos y garzas reales, marcará el guión de este tramo del camino. A tu izquierda, la Raca y Collarada, a tu derecha el pico de Aspe. Sigues el GR 65.3. Orquídeas y lirios te acompañan. Vacas, ovejas y caballos. Águilas y marmotas. Buitres y sarrios. La vida te sale al encuentro.

    Los reyes de Aragón levantaron alrededor de este camino puentes, albergues, hospederías y hospitales o baños. Iglesias, ermitas y cruces protegieron los términos, a sus gentes y a los caminantes.

    Nada más comenzar, a 800 ms, el hospital de Santa Cristina, ubicado en este lugar desde el siglo XI. Nos cuenta historias de peregrinos y culturas medievales, todas con mayúsculas. Pero también nos habla de la hospitalidad. Era uno de los tres principales del mundo, junto con Roma y Jerusalén. Si el siglo XIII y XIV marcaron su auge, las guerras de religión, fronteras cerradas y otras calamidades acabaron con él, en el siglo XIX.

    Nos acercamos a Candanchú. La orogénesis alpina, la erosión, el río y los barrancos modelan ante nosotros un  paisaje y a sus gentes.

    La estación de esquí, con cien kilómetros esquiables, se combina  con los restos de su castillo. Del Castellar.

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    Cruzamos el puente del Ruso y nos dirigimos a Canfranc. Tras pasar la carretera N-330 y el barranco de Rioseta, siguiendo el río, por camino abrupto y entre bosques pensaremos en historias del Coll de ladrones. Castillos, líneas defensivas o fuertes fusileros, bunkers entre Canfranc y Villanúa van a ser una constante en este tramo del recorrido. Así es la frontera. Llegamos a Canfranc Estación (plaza de los Arañones). Desde el Puente de Roldán podemos optar por dos vías. Hacia el pueblo o por el trazado más tradicional. Se volverán a unir ambos en el Puente de Secrás.

    La iglesia principal de Canfranc es de Miguel Fisac pero el emblema es su estación ferroviaria. Es algo más. Historia, leyenda y emoción. Patrimonio aragonés con mayúsculas.

     

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    Tras atravesar carretera y un túnel descendemos hacia el cauce del río Aragón. Nos vamos acercando a Canfranc-pueblo. Encontraremos mirador a la fuerte fusilero y cruzaremos un bonito camino cubierto de hayas. En Canfranc pueblo entraremos por el Puente de Arriba. El Campo de los Francos, una localidad que nació para el camino. Sus habitantes se encargaban de mantenerlo y cuidarlo a cambio de estar exentos del pago de impuestos y olvidar sus deudas con la Justicia. Saldremos de este pueblo-calle por el Puente de Abajo, una de las imágenes del camino.

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    Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. del Pilar, Canfranc- Archivo del Gobierno de Aragón

    Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. del Pilar, Canfranc- Archivo del Gobierno de Aragón

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    Nos dirigimos hacia la Villa Nueva, o Villanúa. Por la antigua cabañera, a la izquierda de la N-330. Dólmenes, cuevas de guixas o brujas de aquelarres estrellados saldrán a tu paso. El camino más telúrico nos habla. Fuentes, abrevaderos, berreas de ciervo o setas serán nuestro paisaje.

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    Iglesia parrroquial de Nuestra Señora de la Asunción, Canfranc- Archivo del Gobierno de Aragón

     

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    A la salida de Villanúa, puente románico y de nuevo, dos caminos, derecha e izquierda del río Aragón. La vertiente derecha nos acerca a Aruej. Uno de los imprescindibles del camino de Castiello. El ramal de la izquierda cruza el Casco antiguo para a través del camino Orbil, llegar a Castiello de Jaca o la ermita de Iguácel y continuar hacia Jaca. Es un itinerario tranquilo y con tramos de agradable sombra. Llegamos a Castiello de Jaca por la iglesia. Románica. Dedicada a San Miguel. También conocida como de las Cien Reliquias (nombre con una historia misteriosa que descubrir en tu visita).

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    Merece la pena desviarse para conocer el antiguo valle de las cebollas. Unos 12 Km de ida y otros tantos de vuelta. El valle de la Garcipollera nos abre sus puertas. Accedemos a él desde Castiello de Jaca. Vegetación de ribera, robles, avellanos con moras y boj forman un camino espectacular. La naturaleza ha vuelto por sus fueros. Ardillas juguetonas, sarrios, águilas y rapaces nos observan desde sus atalayas.

    Despoblados sentimentales como Yosa, Bergosa, Larosa y Acín se combinan con apuestas por el futuro como Bescos o Villanovilla. El rio Ijuez nos acompaña. A unos cinco kilómetros de la villa nueva, Villanovilla, se nos presenta, como surgida de otra época: Santa María de Iguacel. Auténtico cofre y tesoro del valle, monasterio antiguo convertido en ermita hoy en día. Indispensable.

    SAN ADRIÁN DE SASABE

    Tras salir de Villanúa. A la altura de Villajuanita, abandonamos momentáneamente el camino de Santiago para ir por la carretera de Aratores. Pequeña localidad aupada en un cerro que nos lleva hacia Borau. Pueblo con encanto y cuidada arquitectura popular. Lugar idóneo para los deportes de riesgo y que nos permitirá tras remontar el río Lubierre llegar a San Adrian de Sasabe.

    Sede episcopal. Lugar que albergó entre sus muros el Santo Grial. De estilo románico con influencias del mundo lombardo y por supuesto del jaqués, fue fundado en el siglo XI. Otra buena razón para conocer la vida alrededor del camino

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    Jaca_plaza san pedro

    Dejamos atrás la fuente de Casadioses junto al lavadero. Ya se presiente la capital del antiguo reino. Cruzamos los ríos Aragón e Ijuez. Andamos por la cabañera. Como los pastores que trashumaban de la montaña al llano. Pasamos Torrijo. Al fin, Jaca. Jaca, jacobea…juegas con las palabras.

    La ermita de San Cristóbal, que ayuda a los caminantes, nos da la bienvenida. Estás entrando en el lugar donde nació un país milenario, como condado en época carolingia en torno al año 800. Justo enfrente una fuente. Jaca fue la primera capital del Reino de Aragón y primera ciudad del Camino de Santiago.

    Seguimos caminando hacia el lugar donde estaba el olmo de la Salud. Hoy desaparecido. Un crucero y el hospital de San Marcos nos indican por dónde va el camino. Si tomamos esta última dirección, caminando recto, disfrutamos de la ciudad.  Un sendero de conchas de metal nos indican el recorrido.

    Su catedral de San Pedro impresiona. La Edad Media te habla. La leyenda de Santa Orosia ilumina desde una de las capillas. Crismones, ajedrezados jaqueses, ménsulas, tímpanos, bóvedas de cañón…el camino de Santiago desde el siglo XI te manda un mensaje en piedra.

    Pasear por la calle Mayor, visitar la ciudadela con forma de estrella, la plaza de la Cadena con la estatua del primer rey de Aragón, Ramiro I, flanqueado por la Torre del Reloj o de la Cárcel o del Merino que de todas esas formas se llama o  acudir a la iglesia de Santiago o la de los Dominicos son buenas alternativas. Oroel nos guarda. Existen varios albergues en la ciudad y buena hostelería.

    Jaca es buen lugar para degustar la caza mayor guisada y con buen vino, la menor escabechada y los dulces, los crespillos: borrajas rebozadas con azúcar, chilindrones y almendrados, calderetas, cordero…la boca se te hará agua. Y no será un milagro. Llevarás los olores a tomillo en tu memoria.

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    Nada más salir de Jaca podemos desviarnos, cruzando el río Gas y sin llegar a la carretera de Atarés, hacia el monasterio de San Juan de la Peña. El camino es difícil. Pero cómo perdertelo. A cada paso que des te irás acercando más y más hacia el corazón de Aragón. Es el GR 65.3.2. Como si fuera una clave secreta que tienes que recorrer para llegar a la Edad Media.

    Atarés es una bonita localidad, rezuma arquitectura popular por los cuatro costados. Mampostería, tejados de losa, chimeneas pirenaicas que nos recuerdan historias de espantabrujas.

    La parroquial está dedicada a S. Julian y existe fuente de agua cristalina. Tras abandonar el pueblo se asciende por el barranco de Atarés. Carrascas, robles o boj te flanquean en tu camino y si tienes suerte corzos y rapaces te saldrán al paso. Tendrás estrella.

    Llegarás a la planicie de San Indalecio que dicen fue compañero del mismísimo Santiago y verás el Monasterio barroco nuevo de San Juan de la Peña. El Centro de Interpretación del Reino de Aragón se hace visita indispensable. Caminarás descendiendo hacia el Monasterio Antiguo de San Juan de la Peña. Nada menos que Sancho el Mayor de Navarra, allá por el siglo X lo comenzó a construir.

    No te va a dejar indiferente. La sala del Concilio, el dormitorio de los monjes, la iglesia de San Julián y Santa Basilisa, la iglesia nueva, eso sí del siglo XI y dedicada a San Juan, cocinas, hornos y sobretodo: la necrópolis de los reyes de Aragón. Ramiro I, Sancho Ramirez o Pedro I eligieron a San Juan de la Peña como panteón real. Y el entorno no le va a la zaga. Naturaleza y arquitectura. Espacio agreste. Sobrevuelan tu cabeza buitres comunes. Leyenda viva.

    Cuentan que San Voto iba cazando ciervos por el monte Pano. Se cayó por el precipicio de un barranco y se encomendó a San Juan Bautista. El caballo milagrosamente descendió suavemente al suelo. Allí mismo encontró la cueva-ermita dedicada a San Juan. Y dentro el cadáver de un ermitaño, Juan de Atarés. Vendió todo. Regresó al lugar con su hermano Félix y se hicieron eremitas. El legendario monasterio de San Juan de la Peña había nacido.

    Mención aparte merece el claustro románico. Podemos decir claustro rupestre, ya que su bóveda es la cueva que enmarca el monasterio. El repertorio vinculado a la creación de Eva, la tentación de Adán, la expulsión del Paraíso, San Juan Bautista o la infancia de Cristo. Camino de Santiago puro. Románico con mayúsculas. Tanto en la forma como en el contenido. Lo vas a contar.

    Un último secreto. El Grial de las leyendas artúricas, el cáliz cristiano de la Ultima Cena, estuvo en este monasterio. Sus custodios, los reyes de Aragón. El poder de los milagros o los milagros del poder.

    Dejamos atrás San Juan de la Peña y continuamos descendiendo hacia Santa Cruz de la Serós. Las Sores, las monjas, fueron las habitantes de su iglesia-monasterio. Más desconocida, más sorprendente. Crismones, arquitecturas imposibles, espacios e historias de las hijas del rey Ramiro por descubrir.

    Su entorno igualmente espectacular. Arquitectura en piedra. Espantabrujas y la ermita de San Caprasio con sus arquillos despidiéndote cuando marches hacia Santa Cilia de Jaca.

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    Partimos de Jaca en dirección a Navarra. Vamos a recorrer la Canal de Berdún. Debemos de llegar a la N-240. Saldremos cerca del cementerio. Vamos en dirección al antiguo Matadero y la ermita de la Victoria. Allí, el primer viernes de mayo es fiesta grande para los jacetanos.

    Continuamos por la carretera, bajamos hasta el río Aragón, cruzamos el río Gas y llegamos a Casa Municionero, desde aquí tenemos la opción de desviarnos para visitar dos imprescindibles: San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós.

    Si avanzamos por el camino principal llegamos el campamento militar de Batiellas, un bosque de quejigos da sombra y tras pasar la Venta de Esculabolsas, llegamos a Santa Cilia.  Allí confluye la carretera que llega desde Santa Cruz de la Serós por Binacua.

    En toda La Canal de Berdún, en los roquedos será fácil ver halcones, cernícalos o alcotanes. Es la vía natural de comunicación con Navarra. La antigua vía romana que unía Jaca con Pamplona discurría por estos mismos lugares. El paisaje es más llano y con campos de cereales, en acusado contraste con la montaña que hemos dejado. Los milanos reales os observarán desde lo alto.

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    Desde Santa Cilia o Santa Cecilia (Santa Zilia, en aragonés) nos dirigimos por un camino hacia la hacia la N-240. Allí una senda nos encamina hacia Puente la Reina. Antes de llegar descendemos de nuevo hacia el río Aragón. Puente La Reina pudo ser la legendaria Astorito, lugar de verano de los reyes y reinas de Aragón.

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    Desde el puente a la entrada de la localidad, sin pasarlo, nos dirigimos hacia la carretera de Arrés. Enseguida la dejamos para subir a lo alto, por camino de herradura. Arrés es localidad medieval y mirador natural a la Canal. Merece la pena disfrutar de su molino y la arquitectura popular.

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    Bajando de Arrés nos dirigimos hacia la carretera de Martes. Conforme avanzamos, el paisaje comienza a llenarse de encinas y cultivos que con gran interés paisajístico. Cerca de los campos de cereal podremos observar trigueros o calandras.

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    Avanzamos hacia la Venta de Mianos. Las formaciones geológicas, los Pirineos, el contraste de los cultivos del plano frente a la montaña o los poblados y despoblados medievales nos acompañan en este tramo.

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    Tras superar la Venta y dirigirnos al corral del Peronero ascendemos a Artieda, su interesante núcleo medieval y su sobresaliente iglesia de San Martín.

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    Desde Artieda por carretera local y luego camino, marcharemos hacia Ruesta, bordeando el pantano de Yesa.

    Ruesta. Localidad medieval, torres, castillos, iglesia dedicadas al santo de los pobres medievales: San Martín de Tours, ermitas…Un despliegue soberbio que corona su fortaleza musulmana. Lo grande se combina con lo chico. Las ermitas de San Juan Bautista o las de Santiago son el contrapunto románico y cristiano del camino. El fondo del pantano conoce de lo que fueron sus tierras y campos de labor. Dolor, silencio y nostalgia contrastadas con la belleza actual de la localidad.

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    Tras dejar atrás la ermita de Santiago, ascenderemos desde aquí por camino forestal y pinares de repoblación hacia Undués de Lerda. El camino se volverá empedrado. Estás en la antigua calzada, probablemente romana, que en la Edad Media sirvió como camino de Santiago.

    Llegamos a Undués. Un poco más adelante dejaremos las tierras aragonesas para introducirnos en el antiguo reino de Navarra. Santiago, está un poco más cerca. -Ultreia.

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